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04 agosto 2011

De Carlos V, malaria y casas de putas

I.
Es sabido que el muy pío emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, tras abdicar en 1555, vino a curarse de su gota a la comarca extremeña de La Vera. Mandó construir su residencia adosada al monasterio de Yuste, de los jerónimos, y la ocupó a principios de 1557. De la gota no iba a mejorar porque era un desmedido tragón pero tampoco le dió tiempo porque murió de paludismo apenas un año y medio después, el 21 de septiembre de 1558. La confirmación de esta enfermedad se obtuvo en el año 2004 tras el análisis forense de un fragmento de dedo (rara historia, por cierto) cuyos resultados fueron publicados en dos revistas científicas: en The New England Journal of Medicine (2006) se publicó la confirmación de la gota y en Parassitologia (2007) la presencia de Plasmodium falciparum en sus restos.

Uno de los dos claustros del monasterio de Yuste.
II.
El paludismo o malaria no existe hoy en España pero estuvo presente durante siglos y sólo se consideró erradicada en una fecha tan cercana como 1964. Se señala que a Carlos V se le advirtió de lo insano de la zona elegida debido precisamente a esta enfermedad, considerada como endemia grave en toda Extremadura, Huelva, valle del Guadalquivir y zonas de Murcia y Alicante, aunque también presente en muchas otras zonas del centro y Sur de España. La lucha contra la malaria comenzó a principios del siglo XX con los primeros estudios sobre su presencia en zonas como las minas de Ríotinto o Cáceres. En los años 20 se creó la Comisión Central de Paludismo cuya acción consiguió reducir drásticamente la prevalencia de la enfermedad. Con la excepción de un fuerte y previsible aumento en los años de postguerra, el paludismo fue reduciéndose hasta que hoy sólo parecen existir casos importados.
III.
Con el emperador vino su séquito y con éste unas cuantas necesidades, entre las cuales figuraba, cómo no, el sexo. Los prostíbulos eran casas legalizadas y reguladas donde, según algunos documentos históricos, las jóvenes no podían ingresar oficialmente a menos que demostraran doce años cumplidos y otras circunstancias, como ser huérfana o haber sido repudiada por su familia.
La foto que les pongo abajo la tomé hace unos días y corresponde a lo que fué una casa de putas en esa época, situada en el actual Garganta la Olla, un pueblo cercano al monasterio. En este pueblo había al menos tres más pero esta casa se ha conservado bastante bien y guarda al menos dos curiosidades: su color y la presencia de un relieve en la jamba de la puerta principal.


Casa llamada "de las muñecas" en Garganta la Olla (pulsar encima para ampliar)

Se dice que el color azul era el propio de este tipo de establecimientos y parece ser que la casa tiene un patio interior donde había una balaustrada donde se mostraban las mozas, así como un ventanuco alto a un lado de la puerta, hoy tapiado, para que se pudiera mirar desde fuera sin desmontar del caballo. La figura femenina tallada en la jamba de granito era también una señal del oficio. Los prostíbulos pagaban sus impuestos al municipio y aparentemente eran tolerados sin mayores problemas, al contrario que la prostitución callejera, fuera de los burdeles. Este que les comento está en una esquina de la plaza mayor del pueblo, no en los arrabales donde era costumbre situarlos en otros lugares.
A la muerte del emperador no parece que la función se perdiera ya que esta zona era bastante transitada y existía amplia demanda de servicios sexuales. Tal vez el mayor apuro llegara en 1623 cuando Felipe II promulgó una pragmática prohibiendo las "casas públicas donde las mujeres trafiquen con sus cuerpos". Como es fácil suponer, la norma de Felipe II tuvo la misma eficacia que la ley seca en los EE.UU.
IV.
Valga este post para manifestar mi decepción por el mal estado de este pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1982. Cualquiera que pasee por sus calles verá los desaguisados constructivos y la ruina de muchos edificios antiguos. Peor es, en mi opinión, la falta de sensibilidad ante las casas que se suponen emblemáticas y más dignas de visita. No les voy a poner fotos para no mostrar lo feo pero hay ejemplos de fachadas históricas que acumulan señales de tráfico, cables eléctricos, cajas de empalmes y carteles informativos. Ni hecho adrede. La foto de arriba, por cierto, ha sido retocada para quitar estos elementos y que la casa se vea como podría ser si hubiera sido un poco más respetada.

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