09 julio 2006

Benedicto y su merchandising

Mercadería espiritual, la familia acosada y otras divagaciones

Permítanme el atrevimiento, no de meterme con Benedicto, que tengo libertad de hacerlo, sino de poner el palabro horrible en el título. Pero creo que Benedicto se equivoca, Joseph Aloysius Ratzinger yerra en su estrategia como erró su finado antecesor que, como dicen algunos malvados por ahí, llenó los estadios y vació las iglesias. Actos como el de Valencia son tan absurdos como los mitines de los partidos políticos: sólo sirven para los hooligans pero no pueden generar nuevos conversos. Aunque sólo sea porque el pensamiento está de vacaciones y el Encuentro Mundial de las Familias se centra en promocionar los veintitantos objetos "oficiales" de mercadería, el "kit del peregrino" y las ofertas de viaje "todo-en-uno" donde se va al Oceanográfico, a la misa del Papa y al Museo Príncipe Felipe. Por un módico precio.
Mientras tanto, en el funeral por los muertos en el accidente del Metro, el cura se pregunta de nuevo dónde está Dios (se ha puesto de moda parece ser). Lo preguntó de formas diversas cuatro veces, in crescendo, creando suspense. Pero cuando llegó la hora de responder el cura hizo lo mismo que Ratzinger en Polonia: escurrir el bulto.
Eso sí, los asistentes felices. Ratzinger menciona a los muertos del metro y la gente aplaude (?). Pero luego, todo esta simpleza se rodea de comentarios de otra calaña. Por ejemplo, el secretario de la Conferencia Episcopal española Juan Antonio Martínez Camino dice que «En España quienes dicen que el matrimonio es entre hombre y mujer están al margen de la ley» o que «en otros países se ha equiparado el matrimonio a la unión entre parejas del mismo sexo, pero no se ha deshecho el matrimonio como ha sucedido en España» y se queda tan satisfecho. Y de nuevo, los adeptos aplauden renunciando a la posibilidad de que la ley vigente pueda decir otra cosa, aunque sólo sea porque afecta a los matrimonios civiles, no a los religiosos.
Pero bueno, es su papel, que se atengan a las consecuencias de su estrategia publicitaria. Y que sigan vendiendo pines, que eso consolida la familia (supongo).
Finalizo diciendo que esta historia me importa bien poco pero que acabo de escribirla porque Radio Nacional de España nos está obsequiando con 3 horas de Papamisa en directo, obviando que nuestro estado es aconfesional. Y como fuera de mi casa estamos ya a 35 ºC a las 11 de la mañana ¿qué mejor que ponerse a escribir?
Que tengan un buen y productivo domingo, no como yo.
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