11 junio 2006

El Papa se pregunta pero no se responde

Donde Ratzinger se aplica y torea a la audiencia

Leo un artículo de Oriol Pi en La Vanguardia (7/6/2006, pág. 25) que empieza:
El Papa alemán ha conmovido al mundo al preguntar en los campos de exterminio nazis en Polonia "¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Porque calló?"
Desde mi punto de vista la respuesta es muy simple pero desde el catolicismo la cosa se complica extraordinariamente. El señor Pi nos ilustra un poco confusamente en dos pasos. En el primero:
Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo.
Es decir, Dios permite el mal para que el hombre pueda ejercer la libertad de transformar el mal en bien. Y en el segundo, ante el escaso poder de convicción del argumento previo, nos ilustra con la pregunta/respuesta de todas las cosas:
¿Quién puede abarcar al Inabarcable? ¿Quién puede comprender al Incomprensible?
Finalmente, usa las palabras del Papa para reforzarle: su reconocimiento de ignorancia lo hace humano, "abierto al misterio" (?), lo cual es su mayor grandeza.
Yo les confesaré que cuando leo este tipo de artículos también me pregunto cosas. Más vulgares, sin duda. Por ejemplo, ¿de qué diablos (con perdón) está hablando el señor Pi? Si la realidad contradice el dogma la respuesta es el misterio misterioso, qué respuesta tan fácil y tan absurda. Pero cuela: el señor Pi se queda en estado de ensoñación ante tanta grandeza papal sin darse cuenta, al menos en apariencia, del fraude.
La pregunta de Ratzinger podría tomarse como una pregunta retórica. Clama al cielo por no recibir respuestas ergo se engrandece su fe. Pero no es tan simple porque no se cae en lo fundamental: la persistencia del mal es, desde la perspectiva católica, algo inexplicable. Alguien con un mínimo sentido común y ante tan flagrante contradicción revisaría las bases pero no: ante el cataclismo que supondría eso, obviemos la imposible circunstancia de que un dios infinitamente misericordioso y omnipotente permita el dolor, la tortura y la muerte sin hacer nada para impedirlo. Obviemos el problema sin morirnos de vergüenza ante la desfachatez que ello supone.
Ratzinger ha preguntado algo que venía preparado desde las cocinas de su equipo de mercadotecnia. No ha actuado honradamente, su pregunta no es retórica, es un fraude. Ha tratado a sus fieles como el torero al toro: engañándolos. Un elegante natural y donde antes había un torero ahora sólo está el vacío. Sólo que el torero arriesga su vida en el engaño. Ratzinger no arriesga nada, su toro no tiene cuernos con los que pueda contestar.

5 comentarios:

Fèlix Llopart Miquel dijo...

No he acabado de entender tu metáfora (Eso del torero y el toro).
Respeto a la pregunta del Papa, a mi me ha dado un poco de miedo. Al mostrar extrañeza ante la ausencia de Dios da a entender que Dios deberia de presentarse. Y eso allana el camino para que en cualquier momento salte la iglesia diciendo que Dios está presente en tal o cual sitio. Y ya he tenido que aguantar bastantes profetas.

Angel dijo...

La metáfora: el torero llama la atención del toro con un engaño (el capote o la muleta), el toro acude creyendo que es algo sólido y se encuentra que es otra cosa, es engañado. Pero al toro le queda la opción de derrotar con lo que el torero correo un riesgo cierto en la operación.
El Papa ha dicho algo aparentemente humilde y trascendente. Mucha gente queda admirada por esa actitud pero en realidad la frase es una operación de imagen, no hay sinceridad detrás (el engaño). Pero el Papa, al decir eso no corre riesgos, nadie salvo cuatro descreídos como yo va a protestar porque el engaño haya sido perpetrado. Sus fieles caen todos (o casi) en la trampa. No sé si Oriol Pi es un subalterno y le ayuda o realmente forma parte del público y se cree lo que oye.

Fernando dijo...

Dónde estaba Dios en aquellos días no lo sabemos. Lo que sí sabemos es dónde estaba Ratzinger.... en las juventudes hitlerianas.

Antonio dijo...

Saludos Ángel,

No veo que Ratzinger corra ningún riesgo. El engaño no está en sus palabras sino en la mente del propio lector suponiendo, como mencionas, que es creyente. Los descreídos somos minoría, no contamos.

La respuesta lógica a la pregunta de Ratzinger (además del obligado "son misteriosos los caminos del señor" que Pi expresa con otras palabras) es la siguiente:

Dios no puede ser culpable de los errores de los hombres. No puede, ni tiene por qué, evitar que estos ocurran. Lo único que puede hacer es valerse de otros humanos para corregir la situación. Por eso es bueno que haya creyentes buenos.

Y de aquí a llevar la carga de esta pesada tarea a los ejércitos aliados y, en última instancia a los ingleses y norteamericanos no hay un gran trecho.

Después se puede preguntar ante los juicios de la inquisición ¿Dónde estaba Diós? sin correr ningún riesgo. Es un buscapié retórico y nada mas. No tiene consecuencias reales. Se ataja en el último momento con maromas mentales muy sencillas.

Correría riesgo si preguntara ¿Dónde está Diós? frente a las catástrofes naturales o a enfermedades incurables y dolorosas. Dudo que lleve su humildad a tales extremos.

Un Abrazo

Richal dijo...

Seguro que esta visita le trajo a Ratzinger recuerdos de la mili. Ya podría haber contado alguna de esas divertidas anécdotas de sargentos chusqueros, arrestos disciplinarios, matanza de judíos...

¿Por qué callaste, Ratzinger?

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