04 diciembre 2006

Los cromosomas de las palabras

Iba a pasar del asunto, se lo juro. Pero el idioma merece un respeto y con ese objetivo, sólo con ese, me meto en el fangal. La cosa salió en el blog de Javier Armentia, donde se nos informa de una iniciativa del Instituto de la Mujer promocionando a) el uso del femenino a la hora de mencionar, por ejemplo, oficios ejercidos por mujeres y b) el recurso al neutro cuando el genérico sea masculino o, alternativamente, la enumeración de ambos sexos. Ejemplos del caso a) albañila, estudianta, bedela, bachillera…(tomados del blog citado); ejemplo del caso b) donde antes se decía “a los árabes” ahora tenemos varias opciones: “al pueblo árabe”, “a la población árabe”, “a las personas árabes”, “a las y los árabes”, “a los y las árabes”.
La entrada de Armentia generó un amplio debate de más de 100 comentarios donde hubo de todo, desde argumentaciones más o menos pedestres hasta unas pocas de buen nivel por ambas partes salpimentadas con faltas de ortografía y sintaxis exóticas que llaman la atención dado el contexto del debate. Se citaron artículos de Pérez Reverte donde trata este tema con su prosa característica, tal vez incluso algo más ácida que de costumbre (¿existen los pH negativos?).
Pero yo quería abordar el asunto desde una perspectiva distinta pero igualmente apasionada.
Las palabras, los idiomas, no son artilugios donde ahora aprieto una tuerca, luego le cambio los halógenos y mira qué bien me ha quedado el tuning. Son sistemas complejos fruto de una evolución de siglos y en cuya forma intervenimos todos cuando nos toca vivirlos. Y si hablamos del nuestro, del castellano o español, que tanto me da, la sensación es de vértigo ante los centenares de millones de personas que hemos dado forma a esta herramienta que hoy permite que nos comuniquemos.
En este contexto, la iniciativa del Instituto de la Mujer incurre, en mi opinión, en dos errores.
El error básico es suponer que las lenguas pueden ser manejadas desde arriba, tirando de este hilo por aquí y del otro por allá para que se muevan en la dirección deseada. Subyacente al error parece estar algo peor: el desprecio al idioma, al que se quiere amputar, remendar y suplementar como un Frankenstein con su criatura, con la prepotencia que solo da la insensatez. Esto es sólo una suposición mía, claro, pero es que en la exposición de la iniciativa el predominio de los argumentos ideológicos sobre los lingüísticos (inexistentes) es demoledor.
El segundo error es que ese desprecio conduce a un perverso efecto colateral: el uso del idioma como arma de segregación. Porque, a partir de ahora, los que escribimos o hablamos sin seguir las directrices de la neolengua caemos bajo sospecha. Ya no podré escribir “los árabes” sin que haya gente que me acuse, como mínimo, de tibieza en la defensa de la igualdad de sexos. Y no seguiré la neolengua porque disfruto escribiendo y ni los corsés ni los cilicios han dado nunca placer.
Finalmente, habría que recordar que las palabras no surgen mágicamente de la marmita del brujo de turno. Alex Grijelmo habla en su “Defensa apasionada del idioma español” de los “cromosomas” de las palabras, queriendo decir que tienen historia y que sus formas pasadas, actuales y futuras son parte de ella y no son mudables a demanda.
Ya comenté otras veces mi defensa a ultranza de las lenguas separándolas de los intereses politicos por lo que sólo repetiré aquí lo esencial: las lenguas son inocentes, no así sus hablantes. Dejen en paz a las palabras y no carguen sobre ellas la responsabilidad de distinguir entre buenos y malos que ya tienen bastante con sobrevivir a la incultura.

5 comentarios:

apfelbaum dijo...

No puedo no estar de acuerdo con lo que planteas. Profesionalmente, vivo del idioma (y de otros más) y las "iniciativas" (que no son de ahora) del Instituto de la Mujer a este respecto llegan a ser tan "surrealistas" que algunas editoriales con las que trabajo, dirigidas y controladas por mujeres, han optado por insertar notas para explicar por qué no se siguen tales iniciativas.
Sería bueno que todos viésemos el lenguaje (los lenguajes) como lo que son, códigos, útiles para comunicarse y para pensar, y dudo mucho que quienes lanzan, alientan y apoyan tales iniciativas sean capaces de pensar en "escritores y escritoras", "científicos y científicas", etc. Añádase a ello la enorme diferencia que existe entre unos idiomas y otros, con las ventajas e inconvenientes que tienen las distintas estructuras lingüísticas (de ahí las horrendas traducciones que padecemos).
Creo sinceramente que el machismo no está (no puede estar) en los usos lingüísticos y, desde un punto de vista psicológico, no creo que influya en absoluto en el comportamiento real.
Algo especialmente "perverso": las cosas del Instituto de la Mujer se pagan con el dinero del que dispone la Administración Pública (me niego a llamarlo "dinero público"), gusten o no, tengan sentido o no, contribuyan a "la cultura" o no, y, si no se está de acuerdo, siempre pueden responderle a uno (porque soy "uno"), como, por cierto, la Sra. Ministra de Cultura, que es por los prejuicios machistas...
Un saludo

mrci dijo...

Cuando lo "políticamente correcto" (escrito en letra pequeña) intenta inmiscuirse en aspectos de la vida cotidiana que no le incumbe, suele conducir a resultados que muchas veces rozan el absurdo.
Si es necesario, primero debe de cambiar el entorno sociocultural.
Las modificaciones lingüísticas suelen llegar por añadidura si fuesen precisas y convenientes.
Una de las reglas de oro de la evolución de las lenguas es la parquedad y ahorro en el uso de las palabras.
Repitiendo cada diez palabras la coletilla de... “los romanos y las romanas", puede acabar resultando, como poco, cansino.
No voy a entrar en la valoración sobre el uso que se hace, en algunos casos, del dinero “público”.
El lenguaje es sabio y el adjetivo calificativo, en este caso, lo dice todo.
Saludos norteños :)

Ana dijo...

Creo que el lenguaje es el resultado de un mundo machista. No podía ser de otra manera porque ha sido refinado --que no creado-- en sociedades machistas. No hay otra.

Pero de pensar eso a estar hablando de ciudadanas y ciudadanos, que es una memez, hay una gran diferencia. El lenguaje políticamente correcto proviene de una gran hipocresía.

Dejemos el lenguaje en paz, que él mismo encuentra sus caminos. Y procuremos hablarlo y escribirlo bien, o al menos con gracia, asuntos más bien difíciles para un alto porcentaje de la población.

amoajonsistiaga dijo...

Estoy absolutamente de acuerdo con que la lengua no se puede transformar desde arriba, sini que es algo vivo que cambia y se enriquece con el uso. No es que yo sea militante radical de este uso del femenino y el masculino, porque, efectivamente resula "cansino". No obstante he de reconocer que siempre tiene que haber alguien que llame la atencion sobre estos temas. Por ejemplo, mi título reza así: "diplomado D. Mª Dolores tal y tal", me parece absurdo. En muchos documentos que a diario firmo, aparce: El Director, porque en formulario no figura el femenino. Creo que a mi compañero el logopeda del colegio, no le hace mucha gracia firmar como suigue: La logopeda Juan tal y cual". Se supone, pues, que los directores son todos hombres y las logopedas todas mujeres ¿No?. En fin, creo que, sin llegar a extremismos, este uso es más que adecuado en muchas ocasiones, yo lo hago, sin estridencias y sin pasarme,y no creo que por eso sea como dice el amigo Pérez Reverte que sea ninguna histérica, palabra también por antom¡nomasia femenina( aunque también haya histéricos)

Angel dijo...

Lo mejor en este caso es la normalidad y el uso prudente. Hay casos difíciles porque en efecto el oficio estaba ligado a un sexo. Pero la mayoría se solventan con un poco de sentido común y sin inventarse "palabros" exóticos ni retorcer el lenguaje. Saludos.

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