21 octubre 2005

El ministro desatinado

Italo Calvino es un escritor que tiene escrita una trilogía muy recomendable formada por "El barón rampante", "El vizconde demediado" y "El caballero inexistente". Son tres novelas cortas y absolutamente chifladas que me han venido a la cabeza al oir las últimas declaraciones de nuestro ministro de asuntos exteriores Miguel Ángel Moratinos, que tal vez podría ampliar la colección hasta conformar una tetralogía. Sería la historia de un señor que llega a ministro en un mundo real pero que vive en un plano paralelo de la realidad donde algunas cosas ocurren de otro modo mientras otras, aparentemente, no ocurren. De otra forma no se explican declaraciones perpetradas sin el más mínimo sonrojo en los últimos tiempos. Por ejemplo, ese extraño empeño en convencernos de que las relaciones con Marruecos son excelentes. Conste que me considero más cercano a los marroquíes que a los suecos, por poner un ejemplo, pero nuestros vecinos del Sur sólo se atusan el caftán si ven negocio en el horizonte, y nuestras relaciones son lo que han sido siempre: un regateo constante donde somos, sin duda, los menos profesionales. Otra declaración de origen indudablemente alienígena es aquella donde el entrañable ministro nos alecciona sobre los esfuerzos del gobierno marroquí en la defensa de los derechos humanos, terreno donde ni el actual Mohammed Ben Al Hassan ni su difunto progenitor fueron nunca los primeros de la clase.
Y en cambio, no parecen existir en ese plano astral pequeños detalles como la existencia de un antiguo Sahara Español (sí, español), abandonado a su suerte, donde la gente aún espera que España deje de mirar hacia otro lado, se vuelva y dé la cara, aunque sea tarde. Tampoco parece que moleste demasiado la situación de otra ex-colonia, antes llamada Guinea Española, donde hace ya más de 25 años un tal Teodoro Obiang llegó al poder mediante golpe de estado, ejecutando de paso a su antecesor y dejando el país cual merienda de negros (con perdón).
El ministro no está sólo, sin embargo. Y para que no se me acuse de sectario baste recordar a un tal José María Aznar que nos aseguraba (supongo que abducido por extraterrestres, porque si no, no hay explicación) la indudable existencia de armas de destrucción masiva en Irak ("créanme", decía el tío). O Manuel Fraga, capaz de dar saltos de funámbulo como supone el recibir a Fidel Castro (otro demócrata de aquí te espero) con gaitas, pulpo a feira y lo que haga falta.

2 comentarios:

poquetacosa dijo...

Merienda de gentes y gentas de color, Don Angel. Que hablar bien no cuesta una mierda y queda uno de cojones.

Angel dijo...

Gentes y gentas de color... negro.
Por cierto, por fin he localizado tu RSS, ahí, muy muy abajo en la página.

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