09 mayo 2006

Freud nos mira (desde sus cuencas vacías)

Este pasado fin de semana, el domingo 7 de mayo, el periódico El País nos regala con un editorial titulado Freud nos mira. Tengo una explicación para ese editorial pero como se relaciona con la hipótesis del imparable acercamiento del hombre ibérico a la estupidez en estos últimos años, voy a obviarla. Entresaco algunos párrafos ya que muestra un escaparate de afirmaciones y preguntas como mínimo peculiares. Empieza así:
La idea que los individuos occidentales poseen sobre sí mismos, e incluso Occidente en cuanto colectividad, sería radicalmente distinta sin pensadores como Sigmund Freud.
Lo cual me parece una afirmación sin sentido. Yo no sé cuál es la idea que los "individuos occidentales" tenemos de nosotros mismos o como colectividad (vaya palabrería) pero sí estoy seguro de que en España nadie contempla a Freud como un pensador que haya esclarecido ningún asunto al respecto sino, en todo caso, todo lo contrario.
¿Cómo hablar de la historia del arte, del cine, de la literatura, de la música, de los masivos movimientos políticos o los extraños movimientos del corazón ignorando a Freud?
Descartado que lo de "los extraños movimientos del corazón" aluda a la sístole y a la diástole ¿a qué se refiere entonces? ¿De verdad que debo buscar las claves de la música o de la literatura en las nunca verificadas ideas de don Sigmundo?
En fin, el editorialista sigue metiendo a Marx como comparación en cuanto a causa explicativa y un par de chorradas más. El final es desconcertante:
¿Podría imaginarse un trato más voluntariamente humano y una cura, gracias al habla, más acorde, en teoría, con el supremo bien de la comunicación?
Vaya, resulta que al periodista le va la marcha corporativa. El psicoanálisis es estupendo porque está relacionado en teoría (?) con el bla, bla, bla... Y resulta que eso es comunicación, supremo bien del oficio.
No quiero insistir en la bobada. Creo que el autor tuvo un mal día, no supo qué decir exactamente y encadenó la primera sarta de tópicos que le pasó por la cabeza. Le puede pasar a cualquiera. Incluso en un blog.
Y hoy, martes 9 de mayo, aparece una carta al director de Ignacio Morgado Bernal sobre el ya cansino asunto. Don Ignacio es catedrático de Psicobiología del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona; tal vez sepa algo del tema. Como su carta es breve la transcribo directamente:
No puedo entender el editorial de ayer domingo Freud nos mira. No acierto a alcanzar las razones que han llevado a un diario tan serio a publicar semejantes afirmaciones. Es cierto que la falacia del psicoanálisis ha sido tan señalada por sus detractores como contestada por sus defensores. La polémica ha sido secular y al final, creo yo, nada hay en la ciencia positiva moderna que pueda sintonizar con tal falacia. Quienes dedican su vida a investigar científicamente cómo funciona el cerebro y cómo organiza la mente y el comportamiento deben sentirse profundamente decepcionados por ese editorial. Es cierto que, a diferencia del psicoanálisis y los psicoanalistas, quienes estudiamos la mente siguiendo el método científico no lo sabemos todo, pero los éxitos de la ciencia en el tratamiento de los problemas mentales están más que demostrados y se pueden conocer simplemente repasando las excelentes páginas de Salud y Ciencia de EL PAÍS en las hemerotecas. El editorialista puede consultarlas sin dificultad, pero le resultará mucho más complicado explicar a los lectores de este maduro periódico de 30 años en qué consisten "los enredos anidados en zonas oscuras e inconscientes del espíritu", quién ha negado "la influencia de Freud en las artes, el cine o la literatura", dónde están el crecimiento actual del psicoanálisis, los científicos que niegan el habla como método terapéutico, o los enfermos generosamente curados por las artes de quienes se resisten a validar científicamente sus teorías y procedimientos. ¡Qué pensarían los modernos astrónomos si, de repente EL PAÍS, reivindicara las maravillas de la astrología! Quien nos mira en 2006 no es Freud sino Cajal.
Y quede claro que quiero agradecer a El País que haya publicado la réplica con tanta rapidez como la diligencia con la que Ignacio Morgado ha devuelto las vacías cuencas de Freud al sitio donde deben estar.
Por el medio, una entrada de Arcadi Espada de un estilo tan sarcástico como oscuro.

8 comentarios:

AGRA dijo...

Suscribo las palabras de Morgado, aunque dedicándome a las neurociencias, suene un poco corporativista. Y sobre todo el final: no sólo es que los trabajos de Cajal se siguan citando en las introducciones de numerosos artículos de histología del sistema nervioso, sino que sus especulaciones científicas siguen siendo un referente fundamental para entender el funcionamiento del cerebro. Mucho se ha avanzado desde la concesión del Nóbel a Cajal en el conocimiento de este órgano que rige la conducta humana, pero en buena medida eso se ha debido a sus geniales intuiciones científicas.

Lupe

Paolo dijo...

Lo de Arcadi hay que entenderlo como una sonora carcajada (algo parecido a esto de Tito). En realidad está harto de escribir acerca de las víctimas del psicoanálisis (a lo mejor alguien se dedica a cuantificarlas y podemos compararlas con las del nazismo o el bolchevismo).

Esteve Freixa i Baqué dijo...

Retranscribo la carta dirigida al Pais y que salio publicada hace unos dias en su edicion electronica. Ni que decir tiene pues que estoy de acuerdo con el autor del comentario del Blog.

LA CULPA ES MÍA, SEÑOR JUEZ.

Llevo semanas dudando, pero, vistas las proporciones que está tomando el asunto, mi conciencia me empuja a denunciarme. En efecto, aunque a más de 1.000Kms. de distancia (norte de Francia), he seguido con estupefacción la polémica provocada por la respuesta del profesor Ignacio Morgado Bernal al editorial de su periódico conmemorando el 150 aniversario del nacimiento de S.Freud. Y debo confesarles que todas las acusaciones, anatemas y afirmaciones (desagradables e insultantes donde las haya) dirigidas contra el profesor Morgado constituyen una grave injusticia para este buen amigo, puesto que toda la culpa es mía. Me explico. Estaba yo pasando un par de semanas en mi Barcelona natal y aproveché para visitar a compañeros de los que los años y la distancia me habían alejado; y Ignacio fue uno de ellos. Entre las mil cosas que evocamos salió el eterno tema del psicoanálisis y su influencia respectiva en España y en Francia. Pocos días más tarde, participé en una emisión de divulgación científica en el canal “Barcelona TV” en la que se me entrevistó justamente acerca de Freud y en la que tuve la ocasión de exponer algunas de las críticas que desde hace ya un cierto tiempo son dirigidas contra el psicoanálisis y su fundador. Y después apareció el editorial de su periódico. Ignacio estaba indignado pero me comentó que ya ni siquiera pensaba replicar. Y yo, que acababa pues de “arremeter”, le contesté que era lástima dejar un tal escrito sin la respuesta que se merece, pero no pensaba llegar a convencerle. Cual no fue pues mi sorpresa al leer su escrito y la retahíla de cartas que han seguido. Y por ello me siento obligado a saltar a la arena, a menear la capa y la muleta para desviar la atención del toro que está ferozmente embistiendo al profesor Morgado cuando el instigador, el culpable, soy yo. Y para muestra, un botón.
El profesor Morgado, al tratar al psicoanálisis de “falacia”, se ha queda corto; cortísimo. Hoy en día existen pruebas documentadas, publicadas e irrefutables que demuestran claramente que Freud mintió descaradamente, que ninguno(a) de sus pacientes mejoró nunca (al contrario); que el mismo día que pronunciaba una conferencia afirmando que Dora estaba completamente curada escribía una carta a su amigo el Dr. Fliess confesándole que estaba desesperado y que no sabía qué hacer con ella (se han encontrado, en efecto, los registros de los diferentes hospitales psiquiátricos por los que erró el resto de su vida) etc. Yo, como muchos, llevaba años criticando al psicoanálisis (por mil razones que estoy dispuesto a exponer cuando y donde sea) pero pensaba que su fundador era intelectualmente honrado y obraba convencido. Equivocado, pero de buena fe. Hoy en día, incluso esto se derrumba (lo que no implica que sus seguidores sean también unos impostores: nunca he dudado de que la inmensa mayoría de psicoanalistas creen sinceramente en lo que predican y aplican. Pero también pienso que la mayoría de curas y obispos creen sinceramente en Dios, el Cielo y la Virgen sin que por ello yo esté obligado a ser creyente. Y puesto que hablamos de religión, llamemos las cosas por su nombre (y vayan ya preparando la hoguera para quemarme): el verdadero estatus del psicoanálisis es el de una secta (o una religión, si prefieren ustedes, puesto que una religión no es más que una secta que ha triunfado). Y se lo voy a argumentar. ¿Cómo se llega a ser psicoanalista? Sencillamente, sometiéndose (con todos los sentidos de la palabra) a un psicoanálisis hasta que el psicoanalista formador considera que el novicio ha integrado suficientemente la doctrina como para poder ejercer a su vez. Este procedimiento tiene un nombre: rito de iniciación, noviciado; cooptación, en suma. Como para entrar en cualquier secta. ¿Sabe el hombre de la calle que para ser psicoanalista no es necesario ser ni psiquiatra ni siquiera psicólogo? ¿Que muchos de ellos son filósofos? Que el vecino de al lado puede serlo si sigue el rito? Cierto, muchos de ellos lo son, pero cuando ejercen como psicoanalistas no aplican lo que les han enseñado en las facultades de medicina o de psicología sino lo que han aprendido tendidos en un diván. Esto es gravísimo, señoras y señores. ¿Sabe el hombre de la calle que la mayor parte de los escritos de Freud fueron encerrados por sus “herederos” (su hija Ana, la princesa Maria Bonaparte y su historiador oficial, Jones) en unos contenedores que se hallan en la Biblioteca del Congreso de los EEUU, con prohibición de ser abiertos antes de finales de siglo? ¿Qué terribles secretos han así segrestado, sustrayéndolos a la mirada de los historiadores y difundiendo en su lugar una versión expurgada, una especie de Vulgata? Seguramente algo de muy grave, capaz de dar un golpe mortal a la doctrina. ¿No les recuerda esto algo?
El psicoanálisis es a la ciencia de la conducta lo que la astrología es a la astronomía, lo que la alquimia a la química, el vitalismo a la biología, el charlatanismo a la medicina, el creacionismo al darwinismo: un oscurantismo reaccionario e inoperante. Y si sólo se tratase de una discusión metafísica, como la del sexo de los ángeles, yo le hubiese dado razón a Ignacio: no vale la pena perder el tiempo polemizando con sectarios disfrazados de humanistas. Pero detrás de lo que puede parecer una simple querella de escuelas están los pacientes, estas persones que sufren, que piden ayuda y que merecen que se les atienda como Dios manda, es decir, con todos los adelantos que, en un siglo, hemos conseguido en el campo del conocimiento del ser humano y de su conducta. ¿En qué otro ámbito celebraríamos y nos conformaríamos con conocimientos viejos de más de un siglo? El bienestar de los pacientes es demasiado importante como para dejarlo en ciertas manos.
Dixit et salvavit animam meam.
Esteve Freixa i Baqué
Catedrático de Ciencias de la Conducta y Epistemología
Universidad de Amiens (Francia)

Angel dijo...

Gracias por enviar la carta a este blog, me habría pasado desapercibida. Le daré más énfasis mediante una entrada específica ya que lo merece por sí misma. Saludos.

Fèlix Llopart Miquel dijo...

Pues yo defiendo el psicoanálisis a ultranza. Y qué pasa? Los cientificos deberian de ser más respetuosos con lo que no es ciencia, que a mi también me parece importante (sinó más).

Angel dijo...

¿Alguien ha faltado el respeto a algo? Aquí sólo se opina y la opinión de algunos de nosotros es que el psicoanálisis es un acúmulo de afirmaciones indemostrables e indemostradas. Respetar eso es magnífico si lo aceptamos como una religión pero cuando se pretende vivir del cuento la cosa empieza a ser menos presentable. Tú defiendes el psicoanálisis "a ultranza". Esa expresión significa más allá de toda evidencia, cosa que queda clara cuando no te molestas en replicar razonadamente a, por ejemplo, la carta de Freixa i Baqué. No es una buena forma de abodar una discusión (creo yo).
Saludos

Anónimo dijo...

Me parece demasiado absolutista ambos comentarios y trasnochado pensar en comprender la mente humana solo desde la mirada biologicista, que a mi parecer es una discusión que ya tuvo su momento, a estas alturas todos los metodos de estudios nos acercan mas a una visión aclectica del desarrollo del ser humano y sus emociones ya no basta una sola mirada! Es necesario indagar mucho mas alla y quedarnos sólo con una mirada

Alan dijo...

Estoy de acuerdo con lo que dice el autor sobre que el psicoanálisis no tuvo tanta influencia en España. Aquí dicha escuela estuvo proscrita durante los cuarenta años que duró el franquismo (al igual que lo estuvo en la antigua URSS, ya que las dictaduras siempre fueron defensoras del más estricto conductismo), que fueron los años de expansión y difusión de su cuerpo teórico y su práctica por todo el mundo.

En cuanto a Morgado, lo lamento, pero hay muchos otros neurólogos que no estarían de acuerdo con él (busquen un rato en la web los términos relacionados con el inconsciente y la investigación neurológica y verán más de una publicación al respecto).

Por último, las terapias "de la palabra" se extendieron mucho más allá del psicoanálisis (aunque comenzaran con éste), con excelentes resultados. Relacionar el "bla, bla, bla", como se menciona en este post, únicamente con el psicoanálisis, es erróneo. Aunque, en cualquier caso, coincide con el tono inexacto y poco riguroso de todo este texto.

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