12 diciembre 2006

Porqué no escuchar a Amaral por el teléfono móvil

Hace no mucho tiempo, nuestra aspiración adolescente era conseguir tener un buen equipo de música. Y se asumía que ese equipo estaba formado al menos por un giradiscos (hablamos de discos de vinilo), por una pletina o reproductor de cassetes y por un amplificador. De ahí salían los cables a los bafles o juegos de altavoces. Nuestra máxima aspiración era un giradiscos Dual, una pletina Marantz y amplificador Grundig. Las combinaciones se multiplicaban a la hora de elegir la aguja del giradiscos, la composición de las cintas magnéticas, la necesidad o no de incluir un preamplificador…
En mi casa, el procedimiento era ritual: cuando se compraba un disco se grababa en una cassette nueva. A continuación el disco se devolvía a su envoltorio que a su vez se metía en un sobre de plástico y se sellaba para guardarlo al abrigo del polvo durante un año. Al cabo del año, la grabación magnética se había deteriorado algo y debía regrabarse: se borraba dos o tres veces la cinta y se repetía el ciclo.
El proceso permitía mantener en perfecto estado los discos de vinilo, cuya integridad apenas se sostenia más allá de una veintena de reproducciones, y disfrutar de una música de calidad durante muchos años.
La llegada del CD supuso una revolución en este proceso pero sigo teniendo la misma costumbre: copio el original, lo guardo cuidadosamente y reproduzco la copia.

Pero todo eso dependía del último eslabón de la cadena: los altavoces. Y aquí había un problema serio porque las cajas o “bafles” que se vendían en España o eran muy malos o eran muy caros. Y en mi casa nos pusimos fabricarlos importando planos y esquemas de los EE.UU., donde esto del bricolaje técnico estaba mucho más arraigado.
Baste decir que conservo 4 cajas de aquellas, cada una con 4 altavoces: uno para graves, dos para medios y uno para agudos. Los filtros están calculados y bobinados a mano para conseguir una buena separación de frecuencias. Cada caja pesa unos 15 kg y espero conservarlas hasta el final y más allá si puede ser.

Y ahora lo de Amaral. Saben ustedes que es un grupo español (dicen que un dúo) y que el otro día actuaron en un teatro en Madrid. Los medios acogieron el concierto con gran algarabía debido a una circunstancia nueva: la actuación podría seguirse a través del teléfono móvil. Esto fue aplaudido en algunos blogs como un avance en la difusión de la música a imitar por otros artistas. Mi idea es que, además de avanzar en la difusión, supone un retroceso en la calidad. Sólo he encontrado un periódico que haya mencionado que el sonido no era demasiado bueno y aún así tímidamente.
Mucha gente escucha música ahora mediante microaltavoces de sobremesa conectados al PC, a través de los altavoces del ordenador portátil, en el coche o, peor aún, mediante auriculares minúsculos conectados al reproductor de MP3. El efecto de todo esto en la calidad del sonido es devastador.
Quede claro que no es cierto que el sonido digital bien elaborado sea peor que el analógico. Y lo dice un nostálgico de los vinilos pero con los pies en la tierra. Pero a la hora de reproducirlo estamos con los mismos problemas que antes: las respuestas de los dispositivos pueden ser buenas, malas o malísimas.
En principio, un altavoz debería reproducir sonidos de frecuencias entre 20 y 20000 Hz con la misma eficacia. Esto es físicamente imposible, lo que llevó a diseñar cajas con varios altavoces de características y dimensiones diferentes que se dividían el trabajo. Las respuestas conjuntas pueden ser ya muy satisfactorias y los pequeños defectos para el oido caprichoso podían corregirse con el ecualizador. Los auriculares tienen problemas ya que un único y pequeño altavoz debe lidiar con todas las frecuencias.
Es interesante comprobar la absoluta imposibilidad de acceder a las curvas de respuesta de cualquier auricular o altavoz de los usados en nuestros PC o en los reproductores MP3. Los fabricantes deben considerar que el pequeño detalle de la calidad no es relevante para el consumidor actual. Y tal vez tienen razón.
Yo he hecho una pequeña prueba. Entren en esta página de la New South Wales University y comparen su respuesta a las diferentes frecuencias con diferentes auriculares y altavoces. Yo lo he hecho con tres: los altavoces del portátil (un Toshiba Portégé), unos auriculares convencionales de unos 12 euros de precio y unos venerables Sennheiser HD 535 ya descatalogados. Las curvas que he obtenido son las siguientes y creo que describen claramente lo ocurrido con la salvedad de que los 12 y 16 kHz están siempre a cero porque no me han funcionado:

A través de los altavoces del ordenador portátil

Con auriculares simples

Con auriculares de calidad

La prueba no es buena porque la circuitería del PC es inadecuada y el volumen no puede regularse bien con lo que a mis Sennheiser apenas les llegaba comida para sonar. Aún así pueden darsw una idea de lo que quiero comunicarles. Para insistir les haré una comparación visual. Les incluyo cuatro imágenes de la misma obra, la habitación de Van Gogh. La primera está más o menos ajustada al original:


La segunda muestra un pixelado grosero que impide apreciar los detalles.


La tercera tiene una severa distorsión en el color, con el verde reducido y el azul casi eliminado.


Y finalmente, la cuarta sufre ambos efectos, reducción de la resolución y distorsión en el color.


Convendrán conmigo en que ningún aficionado al arte aceptaría que le vendieran reproducciones así. Pues por ese motivo, exactamente, no me apetece escuchar a Amaral por el teléfono móvil.

05 diciembre 2006

Revistas de acceso abierto y entrada cerrada

Revistas open-access en las que es difícil publicar

The Royal Society se apunta al lanzamiento de revistas en internet bajo la fórmula del open access, acceso libre y gratuito para todo el mundo. Es decir, como las revistas de la Public Library of Science, que han alcanzado unos factores de impacto muy relevantes en pocos años. El pero viene cuando decides unirte a la iniciativa y que tus trabajos, si pasan el control de calidad, se publiquen bajo este formato:
The new open access' journal service, called EXiS Open Choice', is being tested by the Royal Society to see if it provides a viable way of sustaining the costs of peer review and other aspects of journal production. Authors who choose to pay to make their papers immediately available on the web will be charged a full cost of £300 per A4 page, although the Society will initially be offering a discounted rate of £225 per A4 page to encourage authors to use the service.
Un trabajo nuestro puede ocupar entre 4 y 8 páginas (somos minimalistas); echando cuentas, publicar aquí un artículo nos saldría por 1200 a 2400 libras (1775 a 3550 euros, sin aplicar el descuento). A mí, la verdad, no me salen las cuentas, tendré que seguir sacando las cosas en revistas normales a menos que mi financiación suba escandalosamente.

04 diciembre 2006

Los cromosomas de las palabras

Iba a pasar del asunto, se lo juro. Pero el idioma merece un respeto y con ese objetivo, sólo con ese, me meto en el fangal. La cosa salió en el blog de Javier Armentia, donde se nos informa de una iniciativa del Instituto de la Mujer promocionando a) el uso del femenino a la hora de mencionar, por ejemplo, oficios ejercidos por mujeres y b) el recurso al neutro cuando el genérico sea masculino o, alternativamente, la enumeración de ambos sexos. Ejemplos del caso a) albañila, estudianta, bedela, bachillera…(tomados del blog citado); ejemplo del caso b) donde antes se decía “a los árabes” ahora tenemos varias opciones: “al pueblo árabe”, “a la población árabe”, “a las personas árabes”, “a las y los árabes”, “a los y las árabes”.
La entrada de Armentia generó un amplio debate de más de 100 comentarios donde hubo de todo, desde argumentaciones más o menos pedestres hasta unas pocas de buen nivel por ambas partes salpimentadas con faltas de ortografía y sintaxis exóticas que llaman la atención dado el contexto del debate. Se citaron artículos de Pérez Reverte donde trata este tema con su prosa característica, tal vez incluso algo más ácida que de costumbre (¿existen los pH negativos?).
Pero yo quería abordar el asunto desde una perspectiva distinta pero igualmente apasionada.
Las palabras, los idiomas, no son artilugios donde ahora aprieto una tuerca, luego le cambio los halógenos y mira qué bien me ha quedado el tuning. Son sistemas complejos fruto de una evolución de siglos y en cuya forma intervenimos todos cuando nos toca vivirlos. Y si hablamos del nuestro, del castellano o español, que tanto me da, la sensación es de vértigo ante los centenares de millones de personas que hemos dado forma a esta herramienta que hoy permite que nos comuniquemos.
En este contexto, la iniciativa del Instituto de la Mujer incurre, en mi opinión, en dos errores.
El error básico es suponer que las lenguas pueden ser manejadas desde arriba, tirando de este hilo por aquí y del otro por allá para que se muevan en la dirección deseada. Subyacente al error parece estar algo peor: el desprecio al idioma, al que se quiere amputar, remendar y suplementar como un Frankenstein con su criatura, con la prepotencia que solo da la insensatez. Esto es sólo una suposición mía, claro, pero es que en la exposición de la iniciativa el predominio de los argumentos ideológicos sobre los lingüísticos (inexistentes) es demoledor.
El segundo error es que ese desprecio conduce a un perverso efecto colateral: el uso del idioma como arma de segregación. Porque, a partir de ahora, los que escribimos o hablamos sin seguir las directrices de la neolengua caemos bajo sospecha. Ya no podré escribir “los árabes” sin que haya gente que me acuse, como mínimo, de tibieza en la defensa de la igualdad de sexos. Y no seguiré la neolengua porque disfruto escribiendo y ni los corsés ni los cilicios han dado nunca placer.
Finalmente, habría que recordar que las palabras no surgen mágicamente de la marmita del brujo de turno. Alex Grijelmo habla en su “Defensa apasionada del idioma español” de los “cromosomas” de las palabras, queriendo decir que tienen historia y que sus formas pasadas, actuales y futuras son parte de ella y no son mudables a demanda.
Ya comenté otras veces mi defensa a ultranza de las lenguas separándolas de los intereses politicos por lo que sólo repetiré aquí lo esencial: las lenguas son inocentes, no así sus hablantes. Dejen en paz a las palabras y no carguen sobre ellas la responsabilidad de distinguir entre buenos y malos que ya tienen bastante con sobrevivir a la incultura.

01 diciembre 2006

La universidad de los mercaderes

El cierre de titulaciones en Reading, un aviso a navegantes

Hace tres o cuatro años que se ha planteado en las universidades españolas una campaña de reeducación que a mí se me antoja algo discutible. Uno de los arietes es el tema de la interacción universidad-empresa. Desde mi punto de vista, las relaciones U-E están bien y son interesantes a veces. Pero no son el objetivo principal ni deben conducir (o coaccionar) las actitudes universitarias. Tal vez mis líneas de investigación no interesen a ninguna empresa. Eso no debería ser un demérito sino simplemente la constatación de que los intereses de "Fibrocementos Acme" no son los mismos que los del "grupo Kraken". Lo cual no debería sorprender a nadie.
Las relaciones se van a establecer con más facilidad con aquellos que se dediquen a la investigación aplicada y sólo en un número limitado de campos. En términos generales, no será posible para la investigación pura, que suele dedicarse a la ampliación de conocimiento en campos de nulo interés para la empresa.
La justificación de la imperiosa necesidad de que la universidad establezca vínculos indisolubles con la empresa fue en su momento aquello de que la universidad vive en su torre de cristal, aislada de la sociedad y tal... Una idea tan falsa como estúpida porque la universidad es una parte de la sociedad y los que estamos en ella interactuamos con el resto como cualquiera o más. Pero como en los tiempos que vivimos nos alimentamos de tópicos, el mensaje inicial se ha acompañado de ideas colaterales aún más preocupantes. Por ejemplo, que la universidad debe adaptar sus contenidos docentes a “lo que la sociedad demanda”. La expresión entrecomillada es más falsa que un euro de chocolate por dos motivos: 1. Se quiere decir “lo que las empresas demandan” y las empresas no son la sociedad, sólo una parte de ella con unos intereses peculiares y particulares, y 2. La demanda lo es siempre a corto plazo y no tiene porqué ser lo deseable a medio y largo plazo para el conjunto de la sociedad.

El eslogan anterior convierte a la universidad es una academia al servicio de los intereses empresariales, muy respetables pero ajenos a lo que deberíamos contemplar. Las consecuencias son previsibles ¿para qué una licenciatura o un grado en matemática, por ejemplo, si no hay demanda social? Los matemáticos son entes molestos que tardarán años en incorporarse a una plaza laboral, probablemente en la propia universidad, jodiendo las estadísticas durante ese periodo (“España va bien”).
Lo mismo con el arte, la historia, la física... por no hablar de la filosofía. Si creen que exagero, entre los criterios de calidad de las titulaciones que se están cocinando cosas tan bonitas como el porcentaje de egresados que consigue empleo en el primer y segundo año, o el tiempo que tardan en terminar la carrera los alumnos... Lo que convierte a nuestras aulas en un centro de colocación: hay que enseñar sólo lo que integre ipso facto al alumno en el ciclo productivo y, además, no conviene exigir demasiado porque entonces el alumno terminará en 5 o 6 años en vez de en los 4 políticamente correctos y eso restará puntos a la titulación.

Hay mucha gente con vocación por conocer, investigar y vivir en el descubrimiento de las cosas, mucha. Lamentablemente, esa gente se verá condicionada por planes de estudios que deberán atender otras prioridades porque así se marca desde el Ministerio del ramo. Porque, o pasas por las horcas caudinas o te quedas con títulos no homologados y sin financiación. Así de claro. Ya comenté en este blog en otro momento que es perfectamente posible, según los planes actuales, que un universitario consiga el título de grado sin haber tenido ningún contacto con la investigación. Incluso hay modalidades de postgrado que tampoco la contemplan y donde se valora la presencia de patrocinadores empresariales que sufraguen los gastos. Y se supone que es enseñanza reglada, que ha de ser estable y captar profesores de calidad. Seguro.
Bien, hasta aquí el desahogo. Para que vean por dónde van los tiros, les traduzco una noticia de la Universidad de Reading (GB), aparecida en el Science de esta semana (vol. 314:1363).
La Universidad de Reading se ha convertido esta semana en la vigésimoprimera universidad británica que desde 1997 anuncia el cierre de su Departamento de Física. A pesar de las protestas de profesorado y estudiantes y de las peticiones de más de 2000 investigadores de todo el mundo, el Consejo de la universidad votó el pasado 20 de Noviembre no aceptar más estudiantes de física. El Departamento se cerrará en el 2010.
Las universidades de Gran Bretaña están financiadas en gran parte por la administración, con cantidades dependientes del número de alumnos y de la calidad de la investigación. El vicerrector de Reading, Gordon Marchall, comunicó en una carta abierta que el Departamento de Física está perdiendo sobre 1 millón de dólares al año debido a que no consiguen suficientes nuevos estudiantes (28 este año sobre un objetivo de 50) ni suficientes ingresos por investigación.
Estos dos párrafos apuntan alguna otra perversión. Por ejemplo, la evaluación de los departamentos atiende a su balance económico. Esta ingeniosa idea supone implícitamente:
  • considerar que la universidad es un negocio y no una inversión: el balance económico debe ser equilibrado a corto plazo, no importa que los egresados se integren posteriormente en el sistema de investigación nacional y a lo mejor desarrollen una carrera larga y fructífera.
  • cerrar titulaciones por la escasa demanda, sin tener en cuenta que hay carreras que son en sí mismas minoritarias pero cuya eliminación supone una pérdida social no evaluable económicamente y que conduce, poco a poco, a la degradación cultural de la sociedad.
  • descargar en los profesores no sólo la docencia y la investigación sino también la responsabilidad de captar alumnos en la enseñanza secundaria a menos que quieran ver como su disciplina se extingue.
  • concebir que la investigación debe incrementar las cuentas más que incrementar el conocimiento (que no se evalúa). La necesidad de ingresar dinero obliga a dirigir los proyectos hacia líneas de financiación jugosas (lo que se ha venido en llamar sexy-science). ¡Ay de aquél que se salga de las líneas marcadas!
Para finalizar les confesaré que soy pesimista y que creo que el cierre de titulaciones será una consecuencia ineludible del enfoque economicista de las reformas universitarias. En el fondo está siempre el desprecio al conocimiento, lo que lleva a ver la universidad como un negocio más: hay que compensar los sueldos de sus profesores introduciendo a los alumnos lo antes posible en el ciclo económico de los “mileuristas”. La formación científica, la cultura, el espíritu crítico son irrelevantes en este esquema, cuando no perniciosos. Y las titulaciones que no entren por el aro que se vayan muriendo ellas solas de déficit crónico.

28 noviembre 2006

[Off topic]

El que avisa no es traidor, de vez en cuando cuelo un post que no va de lo de siempre. En Hispaciencia aparecen de forma automática, no puedo evitarlo aunque no vayan de ciencia. Disculpas por tanto.
Este tiene 3 fragmentos aparentemente inconexos, pero podría haber algunos antes y otros después. Depende del estado de ánimo. Es un desahogo después de una temporada complicada, no me hagan mucho caso.

Fragmento 1. Conversando.
Escuchamos mucha música entonces ¿verdad? Pero luego me di cuenta de que la música no era lo esencial porque el volverla a oir, lejos de hacerme recuperar las buenas vibraciones, me producia tristeza.
E., hace unos pocos días.
Fragmento 2. Canned Heat.
El tipo de la armónica es Bob Hite y el que canta Alan Wilson. Bob murió de un infarto a los 36 años; Al le había precedido en el viaje gracias a una sobredosis. Lo mismo pasó con otros insignes “triunfadores” de la época algunos de los cuales consiguieron tener dos o tres momentos luminosos, no más, pero fueron suficientes. Me atraería saber que fue del resto de la banda pero ahora no recuerdo quienes eran (¿Vestine? ¿Taylor?) y, en cualquier caso, me quedo con estas imágenes de los buenos tiempos.



Fragmento 3. Epitafio.
A tí no sé qué decirte salvo que no has demostrado merecer lo que tuviste. Lo tuviste todo, o al menos todo lo que creias poder tener, que es lo mismo. Pero pudiste ver que tu éxito no iba a ser eterno y la mera perspectiva de la caída pudo contigo. Eras inteligente pero no fuerte. Eras bueno pero no generoso. Creiste que todo empezaba y terminaba en el espejo de los demás. Esos que te sostuvimos un tiempo, hasta que tú mismo, sólo tú, te tiraste por la borda.

27 noviembre 2006

Laicismo, sociedad y ciencia

Los obispos salen a la palestra demostrando su incapacidad para entender lo de no meterse donde no te llaman. Benedicto XVI encarga un estudio para analizar las consecuencias de que la Iglesia Católica pueda, tal vez, permitir el uso del condón en algunos casos. Nuestro Estado sigue siendo aconfesional en vez de laico y se empiezan a impartir clases de religión islámica en la escuela pública, además de las siempre presentes de catolicismo, todas pagadas con dinero público. La Iglesia católica tiene miedo de que la asignatura de 'educación para la ciudadanía' sea un vehículo de adoctrinamiento anticatólico y no se respete "la neutralidad del Estado" en materias como "la definición del bien y el mal moral y la educación de la conciencia de los alumnos".

Entre tanto mejunje me ha apetecido recordar las cinco tesis sobre el laicismo de Fernando Savater mencionadas también en Periodistas 21. Desde que escribió ese breve folio no se ha hecho necesario escribir mucho más sobre el tema: todo está dicho y, además, muy claro.
Respecto a la ciencia estamos en un escenario similar pero con sus peculiaridades. Por ese motivo, con el siniestro aderezo del asesinato planificado de científicos en Iraq, me atrevo a hacer una pobre imitación de don Fernando y proponer un esbozo de tesis (sólo 4) sobre laicismo y ciencia:

1. La injerencia de la religión en la ciencia es un hecho histórico, no así lo contrario, porque los propios fundamentos de la ciencia le impiden abordar temas sólo soportados por la fe, que no por la razón ni la evidencia. La religión conoció mejores tiempos para su entremetimiento, aquellos donde su poder terrenal le permitía dominar la justicia, que juzgaba, y ejercer de verdugo, que ajusticiaba. La evolución social ha permitido que ya esté al alcance de muchos comprender y acotar claramente las competencias de cada cual. Así, el ser humano tiende a querer conocerse a sí mismo y desea comprender al medio en el que nace, vive y muere. Este es el ámbito al que debe reducirse la ciencia. Limítense las religiones a explicar, a quien quiera oirlas, los estados de antes y después de la vida, donde la ciencia no tiene ni quiere decir nada.

2. Aceptando esta separación de ámbitos, ciencia y religión son compatibles para aquellos que deseen tal cosa. Los beneficios de separarlos son tantos que ambas partes deberían promocionar esta actitud recíproca pero, en su defecto, los Estados deben asegurar el reparto de sus competencias en aquellos asuntos que afectan a la sociedad civil y muy especialmente en la legislación civil y penal y en la educación. El motivo es patente allí donde las religiones pretenden introducirse en ámbitos que no les competen camuflando su doctrina de ciencia, aceptando tácitamente como válidas las herramientas que antes despreciaban o combatían.

3. La adopción de una religión es, para el científico, una opción válida pero afectando al exclusivo ámbito personal por lo que debe evitar su influencia en su quehacer de equipo como científico o investigador. El Estado tiene la obligación de salvaguardar los derechos de los no religiosos para no someterse a dictados, normas o conductas ajenas a la ciencia. Esto incluye, obviamente, la inclusión de contenidos religiosos en las universidades, sean estas públicas o privadas, con títulos homologados. Las religiones no deben tener cabida en la educación universitaria salvo como objeto de estudio.

4. La separación entre moral y ética es un requisito para definir los límites de la investigación científica que, en cualquier caso, deben ser resultado de un consenso social, no de juicios morales. Las sociedades, en cada caso y en cada circunstancia, deben decidir qué consideran o no aceptable bajo el principio de libre acuerdo y con la consciencia de la revocabilidad de las decisiones por mecanismos equivalentes. Las religiones son libres de condenar las líneas de investigación que se opongan a su doctrina, pero con la exclusiva afección de sus prosélitos, no del resto de la sociedad. El Estado tiene la obligación de velar por el libre ejercicio de la ciencia dentro de las leyes civiles y salvaguardarlo de guerras santas y actitudes similares.

Debo reconocer, finalmente, que no me apetece distinguir entre religiones, aunque debo reconocer su grado de agresividad es diverso. De las que están en nuestro país en los periódicos día sí, día también, no recuerdo que nunca hayan promocionado o alentado el conocimiento científico, habiendo en cambio abundantes ejemplos de lo contrario. Y todo este rollo se resume en una frase: "zapatero a tus zapatos" o "no te metas en tu ámbito de incompetencia".
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