23 diciembre 2007

Los laberintos de la ética y de la comunicación científica (y II)

Adelantándose a las críticas.

Como decía en el post anterior, el editorial de The Lancet del 22 de septiembre se titula La erosión de la confianza y comienza así:

Esta semana, The Lancet publica dos documentos de interés fundamental para la supervivencia de los niños. Lamentablemente, ambos han despertado inquietudes sobre el uso indebido de los datos por organismos de la ONU [...]

Se refiere a que la OMS y a UNICEF han utilizado resultados de artículos científicos para promocionar sus propios intereses como institución.

Ya comenté el caso de la OMS con los enlaces a los documentos originales la semana pasada. Comentaré hoy el de la UNICEF, que parece haber adoptado eso del "ataque preventivo": si te enteras de que alguien va a publicar un resultado que no te gusta, adelántate con otro que lo contradiga, al menos aparentemente, y asegúrate de que tenga una amplia cobertura mediática. ¿Que es exagerado u oculta datos fundamentales? Bueno, nadie es perfecto. Si van a criticar tu forma de hacer las cosas adelántate y vende sólo los buenos resultados. La UNICEF nos da una buena lección sobre cómo hacerlo.

El trabajo científico

El artículo, firmado por Christopher J.L. Murray, T. Laakso, K. Shibuya, K. Hill y A.D. López MD, se titula

Can we achieve Millennium Development Goal 4? New analysis of country trends and forecasts of under-5 mortality to 2015.

Comienza con afirmaciones incómodas (las cursivas son mías):

Aunque se han logrado aumentar la exactitud y puntualidad de las estimaciones de mortalidad infantil de menos de 5 años, estas estimaciones no utilizan todos los datos disponibles, no usan métodos transparentes y reproducibles, no distinguen entre medidas y predicciones y no proporcionan valores de incertidumbre para las estimaciones. Nos hemos propuesto desarrollar nuevos métodos que sean reproducibles y reanalizar los datos existente para proporcionar tendencias temporales detalladas.

Y los resultados, además de claros, también son incómodos ya que muestran un escaso avance:

Se prevé que la mortalidad global de menores de 5 años descienda un 27% desde 1990 al 2015, considerablemente menos que el descenso del 67% marcado por los Objetivos de Desarrollo del Milenio (Millennium Development Goal 4, MDG4).

Luego, en la intepretación:

Globalmente, nuestro trabajo en la reducción de la mortalidad infantil no ha sido mejor que tres décadas atrás.

El trabajo de Murray y colegas mantiene, por tanto, que cuando se aplican métodos claros y técnicas reproducibles, cosas que no han sido lo habitual, la reducción de mortalidad aparece como muy alejada de los objetivos marcados por la UNICEF.

El conflicto con la UNICEF

Y aquí, The Lancet empieza a contar una historia sorprendente.

Antes de la recepción del trabajo de Murray, la revista recibe indicaciones desde la UNICEF de que la aparición de estimaciones de mortalidad infantil paralelas a las suyas puede dañar la cooperación entre agencias y organismos (el trabajo en cuestión era una colaboración entre el Institute for Health Metrics and Evaluation en la Universidad de Washington, y las Universidades de Harvard y Queensland).

Visto como se pone el panorama, desde la revista se hacen consultas a especialistas en el tema para ver si aconsejan o no la publicación del artículo. La respuesta es prácticamente unánime: el trabajo debe ser publicado.

Antes de la publicación del artículo, The Lancet se lo envía a la UNICEF a la espera de sus comentarios. También les comunican la fecha prevista de publicación.

Seis días después de este envío, el 10 de septiembre, la UNICEF convoca a periodistas para informarles de un "gran éxito de salud pública": por primera vez, la mortalidad anual de niños menores de 5 años ha descendido de 10 millones (informe completo, 72 pág.)

Según The Lancet, los periodistas están perplejos: la convocatoria es repentina, se realiza por primera vez separadamente del informe anual y no se dan datos concretos que apoyen las afirmaciones.

La UNICEF niega que hayan querido adelantarse al artículo, claramente crítico, de Murray y colegas pero un asesor de la organización comunica a The Lancet que el trabajo de Murray es "éticamente procupante" y que "no nos sentimos infelices por haber dado nuestras cifras antes". En realidad, las cifras de mortalidad las daba Murray y parece que la UNICEF simplemente las copió sin citar la fuente:

Child deaths worldwide have decreased from 13·5 (13·4–13·6) million in 1980 to an estimated 9·7 (9·5–10·0) million in 2005.

Sólo se trataba, pues, de desviar la atención sobre la parte que interesaba menos: la gran distancia que hay entre las cifras reales y el "objetivo del milenio".

Comentarios finales

Los casos de la OMS y de la UNICEF son distintos pero ambos caen en prácticas indeseables: la manipulación de resultados, la falta de transparencia en los datos y métodos y la hostilidad ante análisis críticos. Todo ello conduce al deterioro de la confianza ante instituciones que deberían tenerla toda.

Independientemente de este tipo de conductas tampoco debemos olvidar que la realidad a la que se refieren es lo más importante y nos da cifras tremendas: la proporción de niños muertos en el periodo neonatal (38% en el año 2000) está incrementándose. Se estiman 4 millones de niños muertos anualmente en ese periodo (4 primeras semanas tras el parto), un número similar de nacidos muertos y 0.5 millones de madres que mueren por causas relacionadas con el embarazo (Lawn, J.E. et al., 2005, 4 million neonatal deaths: when? Where? Why?, The Lancet, May 28-Jun 3, 365: 1845).

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