29 agosto 2007

Razón, ciencia, anatema...

En "Ciencia versus religión", Stephen Jay Gould propone una visión de las relaciones entre ciencia y religión que difiere claramente a la de Richard Dawkins en "El espejismo de Dios". La idea central de Gould es que convivencia pacífica es posible si se realiza y respeta una nítida separación de ámbitos de competencia, lo que él llama "magisterios que no se superponen" —non-overlapping magisteria—. En resumen y sin matizar, un "zapatero a tus zapatos" donde las religiones se limitarían a actuar en el ámbito religioso sin interferir en aquellos otros donde la ciencia genera conocimiento objetivo y la ciencia a lo suyo sin meterse en camisas de once varas. Si alguno dijere que las disciplinas humanas deben ser desarrolladas con tal grado de libertad que sus aserciones puedan ser sostenidas como verdaderas incluso cuando se oponen a la revelación divina, y que estas no pueden ser prohibidas por la Iglesia: sea anatema.

Gould se limita a las religiones cristianas en sus diversas variantes, católicos, protestantes de ramas diversas, Testigos de Jehová... y aborda a lo largo del libro debates históricos relacionados principalmente con el caso Galileo, los primeros debates darwinistas y la más actual corriente creacionista en los EE.UU.

La solución de Gould parece estupenda pero, en mi opinión, es tan bienintencionada como inexistente. Por un lado, es muy difícil definir los ámbitos de ambos magisterios sin superposición. Hay que tener en cuenta que las Iglesias se ocupan no sólo de la fe sino de la moral y en este último campo la injerencia es difícil de evitar. Véase, sólo por poner un par de ejemplos, la oposición al uso del preservativo en las relaciones sexuales o a la vacuna del papiloma humano en las niñas. En ambos casos, el argumento es que incita a la promiscuidad sexual, uno de las obsesiones morales de la Iglesia Católica, mientras que desde la ciencia está claro que preservativo y vacuna reducen la prevalencia de un conjunto no despreciable de enfermedades.

Refiriéndose al creacionismo y afines, Gould mantiene que el problema no es tan profundo como aparenta porque, en realidad, los literalistas bíblicos son una minoría y la inmensa mayoría de cristianos está abierta al avance de la ciencia. Ojalá tenga razón aunque recientes estadísticas sobre las creencias creacionistas/evolucionistas en los EE.UU. no son tranquilizadoras. De todas formas no se trata del número de fundamentalistas sino de su capacidad para influir en la sociedad, algo mucho más importante.

Tampoco tengo nada claro que la principal oposición venga de minorías fundamentalistas —que también y además arman más escándalo— sino que hay principios, al menos en la ortodoxia católica, que son claras injerencias en el papel de la razón en general y de la ciencia en particular. Estas injerencias pueden tener una repercusión enorme a pesar de ser aplicadas con sordina y sin la algarabía característica de los extremistas.

Gould recoge algunos de estos casos a través de citas de los documentos generados en el Concilio Vaticano I (1869-1870) convocado por el Papa Pío IX. He confirmado la corrección de esos párrafos porque su redacción, tal como aparece en el libro, deja muy pocas esperanzas de convivencia relajada entre el catolicismo y la ciencia.

El Concilio Vaticano I se conoce principalmente por hacer dogma de fe la doctrina de la infalibilidad papal pero hubo bastante más. Entre otras cosas, se quiso dejar clara la oposición a las corrientes racionalistas de la época, que ponían en entredicho tanto el poder terrenal del Papado, ya muy deteriorado respecto a los siglos anteriores, como la propia autoridad de la Iglesia en cuestiones que antes eran aceptadas sin más. Para solucionar estos problemas hubo una intensa dedicación a definir claramente "los errores del racionalismo, materialismo y ateísmo modernos" (1).

Se utilizó para ello un listado de proposiciones que terminaban, todas, en "sea anatema". Roma locuta est causa finita est. Asunto resuelto y a otra cosa, los católicos ya tienen una guía para sus relaciones con las razón. Gould incluye tres en su libro y yo he rescatado cinco que estoy seguro considerarán sugerentes; piensen si caen en alguno de estos errores, mi preferido es el cuarto:

Si alguno fuere tan osado como para afirmar que no existe nada fuera de la materia: sea anatema.
Si alguno dijere que la razón humana es de tal modo independiente que no puede serle mandada la fe por Dios: sea anatema.
Si alguno dijere que todos los milagros son imposibles [...] o que los milagros no pueden ser nunca conocidos con certeza, ni puede con ellos probarse legítimamente el origen divino de la religión cristiana: sea anatema.
Si alguno dijere que las disciplinas humanas deben ser desarrolladas con tal grado de libertad que sus aserciones puedan ser sostenidas como verdaderas incluso cuando se oponen a la revelación divina, y que estas no pueden ser prohibidas por la Iglesia: sea anatema.
Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema.

No tengo noticia de que estos cánones hayan sido revisados en los últimos ciento treinta años pero mi impresión es que si se desea una convivencia armónica entre ciencia y religión católica, algunos de estos párrafos lo dificultan. La otra opción es que no haya demasiados científicos católicos porque recordemos que anatema conduce a excomunión. Menos mal que la mayor parte de los católicos desconoce la religión que dice profesar.

Respecto a los anatemas, hay más, yo he utilizado como fuente la Biblioteca Electrónica Cristiana donde encontrarán otros, resultado también del Vaticano I.

La referencia del libro de Gould (edición en español, traducida por Juandomènec Ros):

Stephen Jay Gould, 2007, Ciencia versus religión. Un falso conflicto. Drakontos Bolsillo, Crítica, Barcelona, 232 páginas.

En síntesis, el entendimiento es posible pero siempre que se cumplan las condiciones adecuadas, explicadas ya hace mucho tiempo:

"Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto sólo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento". San Vicente de Lerins, Commonitorium primum, siglo V.

4 comentarios:

Ceprio dijo...

Aunque me encanta Gould ese es para mí su peor libro, en el sentido de que estoy en desacuerdo en muchas de las cosas que dice. Y básicamente el problema que le vi es que Gould es demasiado "alegre y optimista": ójala fuese el mundo como el dice, en ese caso si que puede ser que ciencia y religión estuviesen cada una en sus sitio conviviendo en paz. En temas de religión siempre he comulgado más con Dawkins.
Enhorabuena por el blog ;)

Li Po dijo...

Excelente post! Sólo quisiera preguntar una cosa. Es obvio que la religión puede, y en muchos casos lo ha hecho, introducirse en el territorio de la ciencia. Pero ¿no sería también posible que la ciencia intente introducirse en un territorio que no le pertenece? ¿Se comenta esta posibilidad en el libro, o se considera virtualmente inexistente?

Soy plenamente consciente de que esto puede malinterpretarse; no pretendo defender ninguna suerte de extremismo religioso o "sobrenaturalismo" ni poner cortapisas al avance del conocimiento científico. Sólo intento aclarar una duda acerca de los límites relativos de cada tradición.

Angel dijo...

Gracias a los dos.
La cuestión que plantea li po es pertinente, desde luego. Gould no menciona que yo recuerde (ya no tengo el libro aquí) injerencias de la ciencia en la religión.
Aún así, hay una tarea a resolver previamente, que es la delimitación de qué ámbitos son exclusivamente propios de la religión y en los que, por tanto, la ciencia no debería entrar.
Yo encuentro carente de sentido la frase "la ciencia no debe entrar en ello". La ciencia es complicada, mejorable, con errores, sometida a las miserias de los científicos pero es la única vía que nos permite avanzar, aunque sea a trompicones, en la discriminación de lo verdadero y lo falso. Las religiones dominantes por nuestros países no usan esas herramientas sino otras como la "revelación", la interpretación (o literalidad) de libros sagrados (nunca científicos) y la autoridad de sus altas jerarquías. Ninguno de estos métodos es aceptable en el conocimiento científico.

Por eso, respecto al mundo que nos rodea, no se puede ser equidistante entre ciencia y religión: son incompatibles. Los dos métodos de acceder al conocimiento son tan diferentes que sus resultados entran en colisión irremediablemente.

Pero claro, esto es cuestión personal, yo considero que la evidencia, si existe, tiene un peso por encima de cualquier otra forma de "conocimiento" (simplifico, claro, pero espero que se me entienda). Otras personas no tienen esa concepción del mundo, y les importa un bledo la ciencia o la consideran honradamente una ilusión generada por la deidad X y alimentada por nuestra soberbia.

Por ese motivo, desde mi punto de vista, el conocimiento del universo es ámbito de la ciencia o, dicho de otro modo, todo el mundo material.

¿Qué queda entonces? ¿El mundo espiritual? Ahí me manifiesto aún más incompetente porque no sé bien de qué se habla. Ese mundo espiritual, para mí inexistente, sería el ámbito de las religiones. Pero siempre limitado a afirmaciones o creencias no constatables, en cuyo caso ya
entrarían en el ámbito científico que querría ponerse a comprobarlas ya que es su función.
Por ejemplo: la jerarquía de los ángeles que comenté en un post de hace meses sería patrimonio religioso. Pero si en algún momento se afirmara que esos ángeles intervienen en el mundo material ya se saldría de él y se plantearía el conflicto. Eso también lo comenté hace poco en el post "un único espacio para la verdad y la falsedad".

Sinceramente, visto lo anterior, no se me ocurre donde la ciencia pudiera inmiscuirse "ilegítimamente" en la religión pero me gustaría que otros con una visión tal vez más ecuánime lo dijeran y debatimos sobre ello.
No creo que sean muchos esos asuntos porque el sujeto de estudio de la ciencia es la realidad y no existe interés por estudiar cosas que no son potencialmente accesibles a la experiencia.
Por cierto, Gould pretende que la ética y la moral son patrimonio religioso. Yo no lo acepto pero no lo he mencionado en este comentario porque eso no choca con la ciencia en sí, que era la cuestión que mencionabas.

Dr_Faustus dijo...

Creo que Gould es un erudito sobrevalorado: Aunque sabía muchas cosas de su especialidad, cuestiono sus pretendidas capacidades en otros ámbitos.

Manifestaba una maniática obsesión por discutir sobre religión, campo en el que era inepto.

Una persona puede ser un magnífico científico en el laboratorio y un buen devoto en la iglesia. Para hacer esto, ni utiliza las mismas partes de cerebro, ni puede hacerlo simultáneamente, del mismo modo que no se pueden ver al tiempo ambas perspectivas en un cubo de Necker.

La ciencia es la posición epistemológica que supone que hay un método para ir mejorando y acumulando descripciones operativas de la realidad.

La religión es una posición epistemológica que supone que existe una verdad que el creador revela o sus elegidos.

Ejercicio: conciliense ambas posiciones en menos de un billón de años sin malgastar el tiempo.

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