Les relaté hace un tiempo que, echando cuentas, he estado a punto de morir al menos cuatro veces (vean aquí, en la entrada titulada "Ruleta rusa"). "A punto" significa, en este contexto, tener la sensación plenamente lúcida de que me quedaban unos segundos de vida a menos que ocurriera algo que, aparentemente, tenía una probabilidad pequeña de pasar. Las cuatro veces tuve esa suerte, la moneda cayó de canto y sigo aquí. Terminé aquel post reconociendo que el inventario, desde la distancia que da el tiempo transcurrido, era aterrador y que estar escribiéndolo era un acontecimiento fortuito que debía, consecuentemente, ser disfrutado intensamente.
Hoy terminé el librito Mortalidad, de Christopher Hitchens. Es el libro de una persona en su viaje a la muerte a través del cáncer. Independientemente de lo que Hitchens cuenta, su relato me llevó a recordar uno de los momentos luminosos en los que tomé una decisión importante en mi vida. He vivido ya la muerte de seres queridos y la agonía de familiares por un progresivo deterioro físico y mental. Estas situaciones siempre te pillan de sorpresa cuando comienzan a producirse. Unos años antes nada te afecta pero a partir de un momento, súbitamente, todo a tu alrededor envejece y se derrumba. Asistes a la muerte de tus padres, a la puntual pero real desaparición de algunos amigos y empiezas a ser consciente de tu propia mortalidad. Probablemente te quedan décadas de vida pero ya comienzas a pensar qué porcentaje de la misma habrá transcurrido.
Nadie con la mente sana quiere morir sin motivo. Vivir es probablemente el instinto más sólidamente arraigado en nuestros cerebros en nuestra historia evolutiva. Sin embargo, en esa etapa de derrumbe de nuestra ilusión de inmortalidad (la muerte estaba tan lejana que no la considerábamos ni como posibilidad) comenzó a preocuparme la forma de morir. Habiendo visto formas horribles de hacerlo y sabiendo de otras aún más aterradoras ¿qué me espera a mí, en concreto, en un futuro posiblemente lejano pero al que llegaré irremediablemente?
Algunos de ustedes habrán tenido esta preocupación como yo, de vez en cuando, tal vez ante una biopsia o un análisis de sangre. En cierto momento llegué a una decisión. La primera parte de ella fue fácil: escribir un testamento vital manifestando mi deseo de, ante ciertas circunstancias (daño cerebral severo, tumor maligno diseminado en fase avanzada...), no ser sometido a tratamientos que prolonguen mi vida (y de que, a mi muerte, mis órganos sean donados). Esta parte es relativamente fácil de asumir ya que, en realidad, solo se trata de reconocer que tus problemas no tienen solución y alargar tu vida artificialmente solo va a empeorar en cuanto a dolor propio y ajeno. La segunda parte de mi decisión fue más dura: la de interrumpir mi vida en el momento en que lo juzgue conveniente. No tengo la más mínima intención de entrar en cuidados paliativos, caer en situación de agonía, llegar a una fase terminal o que un Alzheimer acabe con mi memoria y mi razón. Lamentablemente, en este país ningún partido político ha tenido los arrestos suficientes para formular una ley de eutanasia y si alguien me ayuda al suicidio podrá ser perseguido legalmente (1).
(1) Existe la Ley 2/2010 de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerte promulgada en la Comunidad Autónoma de Andalucía pero no contempla la regulación de la eutanasia, que no entra dentro de las competencias autonómicas, estando sancionada en el artículo 143 del Código Penal (aunque no figure con ese nombre).
No sé si esta situación seguirá vigente cuando me toque llevar adelante mi decisión, si es que me toca, o si seguiremos plegados a las presiones religiosas, que creo es la única razón por la cual no existe en España una ley que regule la eutanasia en sus múltiples variantes, incluyendo el suicidio asistido. No quiero entrar en el asunto del derecho a matarme, que considero fuera de toda discusión, sino de la presión que supone que, si estoy incapacitado por una enfermedad degenerativa incurable o por una tetraplejía, no pueda recibir ayuda de un amigo para poner fin a mi vida (o no pueda darla yo mismo a un amigo).
La postura de la Iglesia Católica, que sin duda es la fuerza más influyente en contra de la regulación, es diferente en según que caso. Por ejemplo, apoya que no exista "encarnizamiento terapéutico" para alargar la vida cuando no hay posibilidad de recuperación y también acepta los cuidados paliativos incluso cuando puedan reducir la duración de la vida mientras no vayan dirigidos a matar al enfermo. Sin embargo, condenan firmemente el suicidio por ser "un rechazo de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y sobre la muerte" y, por supuesto, la asistencia al suicidio: "una acción o una omisión que, por su naturaleza y en la intención, causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor" constituye "una grave violación de la ley de Dios" (encíclica Evangelium vitae, 65-66). Los que hayan leído algo de este blog saben que no tengo nada que objetar si esas reglas se aplican exclusivamente a católicos ya que cada uno es dueño de sufrir lo que le apetezca. Sin embargo, las presiones de la Iglesia Católica impiden la sola regulación de ese acto voluntario ya que niega el derecho de las personas a poner fin a su vida y eso sí tiene consecuencias para todos.
No he encontrado ninguna objeción al suicidio asistido que no sea religiosa ya que el fundamento de la oposición es siempre que la vida nos es dada por un dios y que no somos dueños de ella. Contra este argumento pueden estar incluso las personas religiosas: sí, la vida me ha sido dada y mi obligación es administrarla pero en ningún sitio dice que deba alargarla todo lo posible. Aún así, las posiciones a favor del suicidio asistido parten aparentemente siempre de organizaciones laicas. estas organizaciones son conscientes de que para evitar abusos, deben regularse las condiciones en las que se acepta el suicidio asistido, también llamado eutanasia voluntaria. Algunas de estas condiciones son razonables: que sea solicitado por una persona consciente y sin presiones externas, que la enfermedad sea incurable y que todo sea documentado fehacientemente. Lamentablemente, suelen caer en condiciones menos razonables: que sea solicitado reiteradamente o que el sufrimiento sea intolerable. Lo primero es absurdo: basta con que sea solicitado una vez en las condiciones adecuadas. Lo segundo es terrorífico: yo no quiero llegar a un "sufrimiento intolerable" sino anticiparme a él.
¿Qué hacer entonces? Pues mi decisión es, en su momento, acudir a algún lugar donde sea posible adquirir el cóctel de fármacos adecuado y anticiparme a la situación terminal o, en el mejor de los casos, programar que mi último viaje por el mundo acabe en Suiza, donde hay organizaciones que valoran y, en su caso, ayudan a morir antes de perder la dignidad. Tal vez, si llega el momento, tendré que renunciar a un tiempo de vida que no querría perder, pero no puedo meter a nadie en la situación de ir a la cárcel por ayudarme cuando ya no tenga autonomía suficiente para suicidarme.
"Es absurdo hacer a un hombre esclavo de la ética de los médicos, de la moral de los curas o de la terrorífica y amenazante protección de papá Estado". Ramón Sampedro.
"Nunca diría que estoy cansado de la vida, estoy cansado de la forma en la que estoy viviendo. Sé que no voy a curarme y ya he tenido suficiente. Estoy perdiendo la razón porque esto no es vida". Reginald Crew.
31 diciembre 2012
04 noviembre 2012
Exoplanetas, vida y trascendencia humana
El simposio
En noviembre del año 2011 se celebró un simposio internacional en Madrid bajo el título “Ciencia y religión en el siglo XXI: recuperar el diálogo”. Creo que el título es suficiente para entender el objetivo de dicha reunión. El libro con los ensayos, coordinado por Emilio Chuvieco y Denis Alexander, puede descargarse gratuitamente en la Fundación Ramón Areces, organizadora del evento.
El ensayo de J. J. Wiseman
Hubo una docena de presentaciones y, tras leerme el libro con bastante atención, creo que haré comentarios sobre algunas de ellas. Hoy me centraré en el capítulo que da título a este post, redactado por Jennifer J. Wiseman, astrofísica en del Goddard Space Flight Center. En este ensayo Wiseman se propone analizar las posibles repercusiones de encontrar vida inteligente extraterrestre en “las concepciones actuales sobre la vida en la Tierra” aunque con esa vaga expresión se refiere en realidad al posible impacto sobre las religiones.
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| Jennifer J. Wiseman |
La cuestión relevante se aborda a continuación ¿Daría lugar la existencia de civilizaciones extraterrestres a un profundo replanteamiento de las actuales creencias religiosas? La primera respuesta se basa, no en un análisis de los posibles conflictos sino en una encuesta donde más del 90% (de creyentes) dijeron que no tendría impacto sobre ellos. Luego se centra en el caso del cristianismo, cuyos fundamentos descansan en una base que, sospecho, podría parecer un tanto extravagante a un ET: Dios se hace humano (no otra cosa) en un judío (cuestión no irrelevante), en un lugar y tiempo terrestre (no en otro sitio), para redimir y salvar a la humanidad (hecha a su imagen y semejanza, no a otros) de cuestiones relacionadas con su historia (no la de los ETs).
En este momento Wiseman menciona la única cita crítica de su ensayo:
… la verdadera amenaza vendría del descubrimiento de inteligencia extraterrestre, porque si hay seres en otros lugares del universo, entonces los cristianos están en un terrible aprieto. Ellos creen que Dios se encarnó en la persona de Jesucristo con el fin de salvar a la humanidad, no a los delfines o chimpancés o pequeños hombres verdes de otros planetas (Paul Davies, en The Washington Post).
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| Paul Davies |
¿Y qué hace Wiseman en el momento de entrar en el problema? En mi opinión, muy poca cosa. Cita al “padre O’Collins” (Gerry O'Collins, profesor emérito de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana) diciendo
...al final, si hay extraterrestres, los cristianos pueden afirmar con confianza que ellos también son salvados por Cristo, aun cuando la cuestión de la salvación conlleve otras reflexiones.Y dos páginas después escribe “para los creyentes cristianos el descubrimiento de vida inteligente extraterrestre plantea una consideración especial, al requerir que los efectos de la ‘encarnación’ de Dios en la Tierra sean extensibles a todas las formas de vida del cosmos”.
Y ya está. Con la cita de O’Collins, rebosante de confianza pero ignorando todas las contradicciones, y con el aparente reconocimiento de que se plantearían algunos problemillas (“consideración especial”), Wiseman da por terminado el asunto.
Mi conclusión
Wiseman no entra en el debate, no analiza las potenciales dificultades, no propone o busca soluciones a ellas. Por mi parte, veo que las religiones están hechas por la especie humana a medida de sí misma y no son exportables a nada más, simplemente porque en su origen los seres humanos no podían prever el trascurso de la historia y las novedades que estaban por venir. Para los que suponemos un origen natural (no sobrenatural) de las religiones lo realmente sorprendente sería una que desde sus orígenes más remotos hubiera predicho e integrado a civilizaciones ET. Pero eso, en la Tierra, no existe. A todo lo que pueden aspirar la mayoría de las religiones es, en palabras de Jill Tarter, directora del Center for SETI Research, a intentar acomodarse a la posibilidad de ET mediante esforzados ejercicios de gimnasia teológica. O, añado, a confiar en que ese contacto no se produzca nunca, cosa en la que creo que tendrán suerte.
Nota: podrán ustedes calificar esta disquisición de pura especulación. Les doy la razón pero recuerden que no he sido yo el que ha traído el tema :-)
16 octubre 2012
La RAE está desnortada ¿quién la desdesnortará?
No resisto la tentación de hacer una entrada rápida ante lo que acabo de ver. Resulta que según El País, la Real Academia Española incorporará acepciones de origen estadounidense al Diccionario. Ya ha habido numerosas críticas a incorporaciones pasadas donde la RAE no parecía tener claro qué palabra era muy probablemente de uso efímero y dejaría de usarse en pocos años (como "tuit" por poner un ejemplo).
Ahora la cosa se pone más seria porque de ciencias no parecen andar muy bien y han aceptado algo extravagante. Es sabido (salvo por algunos periodistas) que billón en español es un millón de millones (un 1 seguido de doce ceros) pero que billion en inglés es equivalente a mil millones (1 seguido de nueve ceros). La RAE incorporó en 1995 el término "millardo" para definir los mil millones y, aunque la palabra era un tanto chocante, fue adoptada con rapidez y sin quejas.
Bueno, pues ya era cansino corregir una y otra vez la traducción automática en las noticias del tipo "en la Tierra habitan 7 billones de personas" como para que la RAE, que lo tenía resuelto en su diccionario con el billón y el millardo, haya caído en la tentación o negligencia de liarla ya que se propone admitir billón con la acepción inglesa de mil millones. La consecuencia es que no sabremos de qué estamos hablando ya que el valor dependerá de cómo se interprete la palabra, en español o en "hispanounidense· (sic).
Lamentablemente no sólo es eso sino que, según El País, el término trillón (un millón de billones en la actualidad, un 1 seguido de 18 ceros) podrá significar ¡mil billones! que, según la acepción que se usa podrían ser desde 1 seguido de 12 ceros a 1 seguido de 15 ceros. Una chapuza impresentable, como podrán suponer.
Visto el asunto sugiero una iniciativa que se extendería a todo el léxico científico: que la RAE abra un web donde gente especialista pueda pulir o rectificar las actuales definiciones de muchas palabras del ámbito de la ciencia que están mal definidas o, en no pocos casos, son simplemente un horror o una risa (ver, por ejemplo, la definición de dinosaurio). Algo como la Wikipedia pero en diccionario. Luego ya estarían los académicos para filtrar, pedir detalles o asesoría y decidir qué acepciones se mantienen o se cambian.
Ahora la cosa se pone más seria porque de ciencias no parecen andar muy bien y han aceptado algo extravagante. Es sabido (salvo por algunos periodistas) que billón en español es un millón de millones (un 1 seguido de doce ceros) pero que billion en inglés es equivalente a mil millones (1 seguido de nueve ceros). La RAE incorporó en 1995 el término "millardo" para definir los mil millones y, aunque la palabra era un tanto chocante, fue adoptada con rapidez y sin quejas.
Bueno, pues ya era cansino corregir una y otra vez la traducción automática en las noticias del tipo "en la Tierra habitan 7 billones de personas" como para que la RAE, que lo tenía resuelto en su diccionario con el billón y el millardo, haya caído en la tentación o negligencia de liarla ya que se propone admitir billón con la acepción inglesa de mil millones. La consecuencia es que no sabremos de qué estamos hablando ya que el valor dependerá de cómo se interprete la palabra, en español o en "hispanounidense· (sic).
Lamentablemente no sólo es eso sino que, según El País, el término trillón (un millón de billones en la actualidad, un 1 seguido de 18 ceros) podrá significar ¡mil billones! que, según la acepción que se usa podrían ser desde 1 seguido de 12 ceros a 1 seguido de 15 ceros. Una chapuza impresentable, como podrán suponer.
Visto el asunto sugiero una iniciativa que se extendería a todo el léxico científico: que la RAE abra un web donde gente especialista pueda pulir o rectificar las actuales definiciones de muchas palabras del ámbito de la ciencia que están mal definidas o, en no pocos casos, son simplemente un horror o una risa (ver, por ejemplo, la definición de dinosaurio). Algo como la Wikipedia pero en diccionario. Luego ya estarían los académicos para filtrar, pedir detalles o asesoría y decidir qué acepciones se mantienen o se cambian.
14 octubre 2012
Del supuesto decaimiento de la cultura
Cuando vivía en el Norte era visitante asiduo de la Casa de la Cultura de Avilés que en aquellos años albergaba la biblioteca municipal y, espero que siga igual, tenía
una extensa programación de cine y exposiciones de arte, pintura principalmente.
Con estas últimas tenía problemas: no sólo no me gustaba casi ninguna sino que me gustaban aún menos las reseñas que las acompañaban, hechas por alguien de la casa. Eran reseñas aparentemente bien escritas, impresas en dípticos de exquisito diseño... y ausentes de todo contenido. Frases con palabras que parecían haber sido colocadas al azar y cuyo significado era más oscuro que los escritos de Lacan.
Ayer me quedé sin internet en casa y me puse a repasar algunos vídeos que tenía a la espera. Entre ellos estaba el de Steven Pinker en TED Talks "La tabla rasa",
donde habla de su libro homónimo. Hacia la mitad de la charla entra en el debate
sobre el supuesto decaimiento de la creación cultural y artística, un debate extraño por cuanto aparentemente nunca se han editado tantos libros o compuesto tanta
música como en las últimas décadas.
¿O será que por “cultura” se entiende otra cosa? En efecto, la idea es que ese decaimiento se ha dado en las artes ejercidas por ciertas "élites culturales" por motivos concretos que veremos a continuación. Donde no hay descenso es en la cultura más "popular", despreciada por la élite por una presunta falta de exquisitez y de sofisticación.
Apenas acabo de empezar el libro de Pinker pero la idea que me he hecho (seguro que mezclando lo que él postula con mis propias impresiones) es la siguiente: Algunas "élites" artísticas del siglo XX generaron movimientos que desprecian la belleza, el placer, la claridad, la comprensión y el estilo tal como se valoraba por la mayor parte de la sociedad. La percepción de la gente no perteneciente a esas élites coincide con invariantes estudiados acerca de esas mismas cosas por la antropología: belleza, armonía, argumento, placer... Las mencionadas élites se apartan de esos invariantes realizando obras donde existe (esta lista aparece en una de las diapositivas de la charla algo modificada):
En este punto recuerdo exposiciones en aquella Casa de la Cultura donde el feísmo o el vacío (cuadros en blanco con un punto o con salpicaduras de brocha, por ejemplo) era la norma, algún concierto de música “académica moderna” de donde huí al poco tiempo de soportar golpes, chirridos de violín y algo que parecían latas.
Hoy leo que estudios antropológicos han mostrado que todas las sociedades humanas tienen desarrollos artísticos que coinciden en algunas propiedades, lo que sugiere que, por ejemplo, la percepción de la armonía como algo agradable y placentero está sólidamente implantado en nuestra percepción (por los motivos que sean, eso es otro tema). Por tanto, cuando una tendencia artística se basa en la negación u olvido de esa parte de la naturaleza humana a través de la rotura de los invariantes y pautas generales, está probablemente condenada al fracaso.
En esta tendencia, que Pinker etiqueta como modernista o postmodernista, las formas de apreciación
del arte que funcionan desde hace siglos o milenios son negadas o descartadas y la
belleza y el placer en la contemplación del arte son consideradas vulgares, comerciales y poco
sofisticadas.
La primera consecuencia es el rechazo general por la mayoría de la sociedad, que se aparta de este "arte de élite" y de su literatura crítica con lo que todo el movimiento queda reducido a un grupo de "iniciados" y de seguidores que se realimentan a sí mismos pero que no tienen vínculos ni nexos con el resto de la gente.
La segunda consecuencia es que el mencionado decaimiento del arte sólo es real en la parte que coincide con esta rotura de la forma tradicionalmente humana de apreciar la creación artística. Ese decaimiento, que podría ser irrelevante, no lo es porque se da en un segmento de la sociedad que tiene influencia en las universidades (supongo que Pinker habla aquí de los EE.UU.) de donde los alumnos van perdiéndose ante la falta de empatía con la concepción de la obra artística.
¿O será que por “cultura” se entiende otra cosa? En efecto, la idea es que ese decaimiento se ha dado en las artes ejercidas por ciertas "élites culturales" por motivos concretos que veremos a continuación. Donde no hay descenso es en la cultura más "popular", despreciada por la élite por una presunta falta de exquisitez y de sofisticación.
Apenas acabo de empezar el libro de Pinker pero la idea que me he hecho (seguro que mezclando lo que él postula con mis propias impresiones) es la siguiente: Algunas "élites" artísticas del siglo XX generaron movimientos que desprecian la belleza, el placer, la claridad, la comprensión y el estilo tal como se valoraba por la mayor parte de la sociedad. La percepción de la gente no perteneciente a esas élites coincide con invariantes estudiados acerca de esas mismas cosas por la antropología: belleza, armonía, argumento, placer... Las mencionadas élites se apartan de esos invariantes realizando obras donde existe (esta lista aparece en una de las diapositivas de la charla algo modificada):
- arte visual sin atisbo de belleza porque se busca expresamente la fealdad, la desproporción y la falta de armonía.
- novela y teatro sin trama y sin narrativa, muchas veces con sintaxis o puntuaciones extrañas o inexistentes.
- poesía sin metro y sin rima, cuando no sin sentido.
- arquitectura y urbanismo sin decoración, sin escala humana, sin espacios verdes, sin luz natural.
- música sin melodía, sin tono, sin ritmo, sin armonía.
- todo ello aglutinado por una literatura crítica de lenguaje incomprensible, sin ninguna atención a un mensaje claro que el lector pueda asimilar.
En este punto recuerdo exposiciones en aquella Casa de la Cultura donde el feísmo o el vacío (cuadros en blanco con un punto o con salpicaduras de brocha, por ejemplo) era la norma, algún concierto de música “académica moderna” de donde huí al poco tiempo de soportar golpes, chirridos de violín y algo que parecían latas.
Hoy leo que estudios antropológicos han mostrado que todas las sociedades humanas tienen desarrollos artísticos que coinciden en algunas propiedades, lo que sugiere que, por ejemplo, la percepción de la armonía como algo agradable y placentero está sólidamente implantado en nuestra percepción (por los motivos que sean, eso es otro tema). Por tanto, cuando una tendencia artística se basa en la negación u olvido de esa parte de la naturaleza humana a través de la rotura de los invariantes y pautas generales, está probablemente condenada al fracaso.
| Altamira: proporción, color y armonía de hace más de 15000 años |
La primera consecuencia es el rechazo general por la mayoría de la sociedad, que se aparta de este "arte de élite" y de su literatura crítica con lo que todo el movimiento queda reducido a un grupo de "iniciados" y de seguidores que se realimentan a sí mismos pero que no tienen vínculos ni nexos con el resto de la gente.
La segunda consecuencia es que el mencionado decaimiento del arte sólo es real en la parte que coincide con esta rotura de la forma tradicionalmente humana de apreciar la creación artística. Ese decaimiento, que podría ser irrelevante, no lo es porque se da en un segmento de la sociedad que tiene influencia en las universidades (supongo que Pinker habla aquí de los EE.UU.) de donde los alumnos van perdiéndose ante la falta de empatía con la concepción de la obra artística.
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| Obra de Sean Norvet |
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